La Casa lugubre
La Casa lugubre Se pasa muy discretamente al caer la tarde, pero puede ocurrir que la señora Snagsby actúe de forma tan discreta como él.
Jo muestra una profunda alegría al volver a ver a su antiguo amigo, y apenas los dejan solos cuando el pobre muchacho se esfuerza en decirle al tendero lo mucho que le agradece el «que haya venido de tan lejos para ver a un desgraciado como él». Y el buen hombre, enternecido ante el espectáculo que tiene a la vista, deja sobre la mesa media corona, panacea infalible que en su opinión debe curar todos los males.
—¿Cómo te encuentras, pobre Jo? —le pregunta con una tos de solidaridad.
—Estoy muy bien, señor Snagsby, tengo todo lo que necesito. ¿Si supiera lo bien que estoy? ¡Ah, señor Snagsby! ¡Qué triste estoy por lo que he hecho! Pero estoy seguro de que no tengo la culpa de nada.
El papelero deja en la mesa otra media corona y le pregunta qué es lo que ha hecho que tanto le pesa.