La Casa lugubre
La Casa lugubre Hay algo en lo que ella piensa mucho desde su última entrevista en el cuarto de la torreta de Chesney Wold. Ahora está decidida y dispuesta a quitárselo de encima.
Hace tiempo que ha pasado el mediodÃa según la hora solar ordinaria, pero para el gran mundo del que hablamos comienza el dÃa. Cansados los mercurios de mirar por las ventanas, se han sentado en la antesala, y bajan las notables cabezas, hermosas criaturas, como ampulosos girasoles. Sir Leicester está en la biblioteca y acaba de dormirse, para bien del paÃs, examinando el dictamen de una comisión de la cámara. Lady Dedlock, se encuentra en el saloncito donde recibiera al señor Guppy. Rosa, sentada junto a ella, cose, después de haberle servido, sucesivamente, de secretaria y de lectora. Milady la contempla atentamente, en silencio, y por fin le dice:
—¡Rosa!
La linda joven levanta la cabeza, y su rostro encantador expresa turbación y asombro al ver el aire grave de milady.
—Mira si está cerrada la puerta.
—SÃ.
Va hacia ella y vuelve, y parece todavÃa más sorprendida.