La Casa lugubre
La Casa lugubre Con una mirada que dice claramente «sabe usted que tiene poder para quedarse si quiere», le responde que no es necesario y se va hacia una butaca. El señor Tulkinghorn le adelanta una, saludándola torpemente, se aparta y se coloca en el hueco de una ventana de enfrente. Allí, interpuesto entre milady y los postreros rayos del sol poniente, la envuelve en sombra y esparce la oscuridad a su alrededor, del mismo modo que hace sombríos todos los días de aquella existencia.