La Casa lugubre
La Casa lugubre —Ya te he dicho que por ti, no por mÃ, he tomado esta determinación. Todo ha concluido, Rosa, mis verdaderos sentimientos respecto a ti son los que acabo de expresarte, no los que verás luego. No lo olvides y no le digas nada a nadie. En adelante, toda relación ha terminado entre nosotras.
Se separa de su ingenua compañÃa y sale de la habitación. Más avanzada la tarde, cuando aparece cerca de la escalera, milady resulta más glacial, más altiva que nunca, y se muestra tan indiferente a todo como si la pasión, la ternura y la piedad hubiesen desaparecido de la faz de la tierra con todos los monstruos antediluvianos.
Un mercurio ha anunciado al señor Rouncewell, que es la causa de su aparición. El señor Rouncewell no está en la biblioteca, pero se dirige hacia allÃ. Sir Leicester está en ella, y desea hablar con él primero.
—Sir Leicester, quisiera decirte algunas palabras, pero veo que estás muy ocupado…
—No, no, estaba aquà con el señor Tulkinghorn.
¡Siempre él! ¡Ni un minuto de tranquilidad, ni un solo instante de reposo!
—Perdón, lady Dedlock, permita usted que me retire.