La Casa lugubre
La Casa lugubre —Ahora, George, acuérdese de lo que le he dicho —dice el señor Bucket, manteniendo el Ãndice en una actividad impresionante—. Yo no le pregunto nada: todo el dÃa ha estado usted triste, inquieto, abatido… Le repito: ¿no ha oÃdo usted hablar de un asesinato cometido hace poco?
—No, ¿dónde?
—Atienda, George —continúa el señor Bucket—, y no se comprometa: anoche fue hallado muerto de un disparo en Lincoln’s Inn-Fields un caballero llamado Tulkinghorn, y ese es el motivo de su detención.
El sargento cae en una silla. De su frente corre un frÃo sudor y su rostro se pone pálido como el de un cadáver.
—¡Bucket! Es imposible que el señor Tulkinghorn haya sido asesinado y que me crea usted su asesino.
—¡George! —replica el señor Bucket, moviendo el dedo todavÃa—. Es más que posible, amigo, se lo aseguro. El hecho ocurrió ayer a las diez de la noche. Usted dirá dónde estaba a esta hora, y espero que pruebe la coartada.
—¿Ayer noche, a las diez? —repite el maestro de armas, procurando hacer memoria—. ¡Misericordia! —exclama de pronto—. ¡Me encontraba en su puerta!