La Casa lugubre
La Casa lugubre —Le doy las gracias —y también hace un gesto con la mano, que implica no solo que es el final de la conversación, sino que, si hay familias de elevada condición con hábitos mezquinos, deben afrontar las consecuencias—. No olvide, señor mÃo —dice con indulgencia— que estoy por completo a su disposición.
El señor Bucket pregunta si al dÃa siguiente por la mañana podrá hablar con el barón en caso de haber obtenido el resultado que espera. Sir Dedlock dice que estará siempre dispuesto a recibirlo, y el señor Bucket, después de haber repetido los tres saludos de siempre, se retira, pero, al poco, vuelve a entrar en el salón, y dice en voz baja:
—¿Me está permitido preguntar quién ha puesto en la escalera el anuncio prometiendo las cien guineas de recompensa?
—Yo di la orden de hacerlo —contesta sir Leicester.
—¿Le parecerÃa inoportuno, sir Leicester Dedlock, barón, que le preguntase por qué?
—Me ha parecido que ese lugar, como el más visible, era el mejor, porque querÃa producir en todos mis criados una impresión profunda, hacerles comprender la enormidad del delito, la resolución de castigarlo, y la imposibilidad de que el culpado se libre de la acusación. Sin embargo, si le parece que estarÃa mejor en otra parte…