La Casa lugubre
La Casa lugubre De ningún modo. El señor Bucket cree, por el contrario, que es conveniente no tocar el anuncio del sitio en que está, y, repitiendo sus saludos, sale de la estancia. Volumnia prorrumpe en un chillido lleno de inocencia y hace observar que aquel encantador personaje es un verdadero Barba Azul.
Al tiempo que es objeto de esta observación, usando de la facultad que le es propia de tratar con todas las clases de la sociedad, el señor Bucket se detiene en la antesala, y allÃ, de espaldas a la chimenea, donde chisporrotea un buen fuego, contempla al mercurio con admiración.
—Estoy observando que debe usted medir, cuando menos, seis pies y dos pulgadas —exclama el señor Bucket.
—Tres pulgadas —responde el mercurio.
—¡Caramba! Y, sin embargo, no lo parece, debido sin duda a que su cuerpo es proporcionado a su talla. Si fuese usted delgado…, pero no, al contrario. ¿Ha servido alguna vez de modelo? —inquiere el señor Bucket acompañando la pregunta con una mirada y un movimiento de cabeza, como de hombre inteligente.
El mercurio contesta que no.