La Casa lugubre
La Casa lugubre —Pues es una negligencia que conviene reparar —contesta el señor Bucket—. Un amigo mÃo, que entrará seguramente en la Academia de Bellas Artes, darÃa cualquier cosa, sin duda, por reproducir en mármol unas formas como las suyas. ¿No está aquà milady?
—No, come fuera de casa.
—¿Sale cada dÃa, no es cierto?
—SÃ, rara vez come aquÃ.
—No es extraño —aclara el señor Bucket—. Una mujer tan elegante, tan amable y bella es el ornato de cuantos lugares frecuenta, como en una mesa un plato exquisito. Y su padre de usted, ¿estaba al servicio de alguna gran familia?
El mercurio dice que no.
—Pues el mÃo sÃ. Primero fue paje, más tarde, lacayo, después, repostero, y, por último, posadero. Era hombre que despertaba muchas simpatÃas y su pérdida fue muy sentida. Sus últimas palabras fueron para decir que consideraba su tiempo de servicio como el más honroso de su vida, y tenÃa razón. Tengo además un hermano y un cuñado ayudas de cámara… ¿Tiene buen carácter milady?
—Tan bueno como cabe esperar —responde el mercurio.