La Casa lugubre
La Casa lugubre —Lady Dedlock —dice el señor Bucket— es admirada por todos. Asà es, goza de toda nuestra admiración.
—Inspector —observa con gravedad sir Leicester—, quisiera que el nombre de milady no se mezclara en esta conversación.
—También lo quisiera yo, sir Leicester Dedlock, pero… no puede ser.
—¿No puede ser?
El señor Bucket niega con su implacable cabeza.
—No puede ser en absoluto, sir Leicester Dedlock, barón. Todo lo que tengo que decirle se refiere a milady. Ella es el centro donde convergen todos los incidentes del caso.
—Inspector —contesta sir Leicester, con los ojos encendidos y los labios temblorosos—, sabe usted cuál es su deber y comprendo que no puedo oponerme a que lo cumpla, pero tenga cuidado con excederse porque le advierto que no lo permitiré. Sepa que si mezcla en este asunto el nombre de milady, nombre que no está permitido pronunciar a la ligera por muchas personas, lo hace bajo su responsabilidad.
—Diré lo que he de decir, ni una palabra más, sir Leicester Dedlock, barón.
—Asà lo espero. Bien, adelante, siga usted. ¡Siga, caballero!