La Casa lugubre
La Casa lugubre —El señor Tulkinghorn era impenetrable, y no me es posible decir cuál fue su primera idea acerca de esto, pero sé por él mismo que desde hacía tiempo pensaba que lady Dedlock (por medio de la letra de no sé qué documento que le fue presentado en presencia de usted) había descubierto la existencia de un hombre reducido a la miseria… que había sido amante suyo antes de que usted le declarase su cariño y con el cual debería haberse casado. Debería haberse casado —repitió el señor Bucket haciendo hincapié en estas palabras— sin duda. Sé también por él mismo que, muerto poco después aquel hombre, sospechaba que lady Dedlock había visitado en secreto su miserable habitación y su tumba. Sé por mis propias investigaciones y por mis propios ojos y oídos que lady Dedlock hizo tal visita con el vestido de su propia doncella, ya que entonces el señor Tulkinghorn me encargó investigar a lady Dedlock (perdone que emplee los términos usados por nosotros en estos casos), y sin que me quedase una sombra de duda pude confirmar las sospechas del señor Tulkinghorn. Confronté a la doncella en los aposentos de Lincoln’s Inn Fields con un testigo que había guiado a lady Dedlock y no había ni la más mínima duda de que había llevado el vestido de la joven, sin saberlo esta. Sir Leicester Dedlock, barón, traté de allanar el camino un poco antes de estas desagradables revelaciones cuando dije ayer que incluso en las familias de elevada condición a veces sucedían cosas muy extrañas. Todo eso, y más, ha sucedido en su propia familia y a su milady y por ella. Estoy plenamente convencido, además, de que el señor Tulkinghorn continuó sus investigaciones hasta la hora de su muerte y tuvo con milady una conversación muy violenta la misma noche en que fue víctima del crimen. Sir Leicester, dígale usted a lady Dedlock cuanto acabo de compartir con usted y pregúntele si, después de haber salido de aquí el señor Tulkinghorn, fue a la casa del procurador envuelta en un manto suelto negro de flecos muy largos, deseosa tal vez de decir la última palabra de la conversación que acababa de mantener con él.