La Casa lugubre
La Casa lugubre La señora Snagsby después de muchas lágrimas y no pocos gemidos, que en un principio la dejan sin voz, hace, por último, comprender que es la más desgraciada de las mujeres, que su marido la ha engañado muchas veces y que la abandona rodeándose siempre de misterio y que su único consuelo en el mundo era el afecto del señor Tulkinghorn, quien se había mostrado tan bondadoso con ella, visitándola en ausencia de su esposo y que desde aquel día le había confiado todos sus pesares. Además, a excepción de los presentes, todos conspiraban contra la paz de la señora Snagsby. El señor Guppy, pasante de Kenge y Carboy, cuyo rostro se iluminaba antes como el sol del mediodía, se ha vuelto, bajo el influjo corruptor del señor Snagsby, sombrío como una noche sin estrellas. El señor Weevle, que residía misteriosamente en el barrio, se ha encerrado en el más absoluto silencio, por la misma causa. El viejo Krook, Nemo y Jo, muertos los tres, estaban igualmente en la conspiración. La señora Snagsby no explica cuál era esa conspiración pero sabe que Jo era hijo de su infiel marido, como lo prueba la visita de este durante la enfermedad del muchacho, además de por distintas indagaciones que hizo siguiéndole. En la actualidad, su única ocupación es esa, seguir las huellas del señor Snagsby, y de ese modo ha reunido tantas pruebas de su inmoralidad que con gran facilidad podría confundirlo. Ese había sido el motivo de poner ella en contacto a los Chadband con el señor Tulkinghorn, y de hablar con el señor Tulkinghorn del cambio que se observaba en la manera de ser del señor Guppy y del señor Weevle, contribuyendo, con ello, a descubrir los hechos anteriormente referidos, cuya verdad está dispuesta a atestiguar. Esto, sin embargo, no pasa para ella de ser casual, pues lo importante es desenmascarar al señor Snagsby y obtener la separación.