La Casa lugubre
La Casa lugubre —Puesto que es necesario, lo contaré todo —dice la señora Chadband—. Yo he criado a la señorita Hawdon, la hija de milady, y servà a la hermana de milady, la cual, indignada por la deshonra que milady habÃa inferido a la familia, hizo creer a todos, incluyendo a ella misma, que la niña habÃa muerto al nacer, y por muy poco no fue asÃ. Pero la señorita Hawdon vive aún y la conozco.
Dicho esto, la señora Chadband se cruza de brazos, y con sonrisa implacable clava los ojos en el señor Bucket.
—¿Y pedirá usted, seguramente, por su silencio, unas veinte libras o un regalo de ese coste? —dice este.
—¿Por qué no veinte peniques? —responde, riendo con desdén, la esposa del reverendo.
—Y usted, querida amiga —dice el señor Bucket, señalando a la señora Snagsby con el dedo Ãndice—, ¿qué reclama?