La Casa lugubre
La Casa lugubre En las casas de Blaze y Sparkle, joyeros, y de Gloss y Sheen, almacenistas, no se habla de otra cosa, esta será, por mucho tiempo, el acontecimiento más importante del siglo, el hecho caracterÃstico de la época, sin que la clientela femenina de tales establecimientos sospeche, ni por asomo, que, a pesar de su inescrutable altivez, es medida y pesada detrás del mostrador sin ninguna clase de consideración.
—Ya conoce usted a nuestros bienhechores, señor Jones —dicen Blaze y Sparkle, refiriéndose al asunto en cuestión—. Son todos como borregos: adonde va uno van los demás, con dos o tres que tome usted como muestra, conocerá todo el rebaño.
Gloss y Sheen dicen una cosa igual, o parecida, a su respectivo Jones, y el señor Sladdery, librero, que cuenta entre su clientela con los más nobles borregos, exclama, con el mismo motivo: