La Casa lugubre
La Casa lugubre Y no es menos sorprendente que las personas situadas en los confines del gran mundo, sin haber vista jamás a milady ni conocerla, ni poco ni mucho, crean necesario para su reputación tomarla igualmente por tema de sus conversaciones, y descuartizarla, con las palabras, el tono y el estilo más de moda, o bien con la cortés indiferencia considerada como más elegante, lo cual no deja de tener gran éxito en las regiones inferiores de las constelaciones secundarias, aunque no sean ya más que noticias de segunda mano. ¡Pues no es poca suerte para un literato, un sabio o un artista encontrar, entre los vendedores al por menor de rancias novedades, esas afortunadas muletas para favorecer el lánguido andar de las nueve hermanas, fatigadas y cojas hace mucho tiempo!
Pero ¿qué sucede, mientras, en la casa de los Dedlock?
Sir Leicester ha recobrado la palabra, pero se expresa con muy poca claridad y a costa de un Ãmprobo esfuerzo. Los médicos le han recomendado reposo y silencio, y recetado un poco de opio para calmar sus dolores, pues la gota, su inveterada enemiga, le causa horribles sufrimientos. Pese al estado de estupor en que parece sumido, no duerme, y, desde el lecho, que ha mandado acercar a la ventana, contempla la nieve, que desde la mañana no ha cesado de caer.