La Casa lugubre
La Casa lugubre Milady continúa siendo objeto del interés más palpitante en las tertulias, el astro principal del firmamento cuyas más brillantes estrellas eclipsaba ayer. ¿Cómo? ¿A qué es debido esto? ¿Quién dice tal? ¿Cuándo? ¿Dónde? Sus amigos predilectos la vilipendian, con la jerga de moda más elegante, con el más suave de los acentos y con la perfección de la más cortés indiferencia. Uno de los rasgos más caracterÃsticos de este inagotable tema es inspirar a ciertas personas a quienes se habÃa creÃdo hasta entonces desprovistas de ingenio, y que, sin embargo, han dicho acerca de ella verdaderas agudezas. William Buffy aporta uno de los más notables dichos de la mesa en que come en la Cámara de los Lores, donde el jefe del partido lo hizo correr con su caja de tabaco para impedirles a sus secuaces levantarse de los bancos. Esto produce un efecto tan asombroso que el que tenÃa el uso de la palabra, al cual se le repite al oÃdo por encima de su peluca, tiene que exclamar por tres veces «¡Orden en la Cámara!», sin obtener el menor resultado.