La Casa lugubre
La Casa lugubre Volumnia lo entiende perfectamente, y, a decir verdad, se expresa mucho más claro de lo que se habrÃa creÃdo posible pocos minutos antes. Su rostro manifiesta a las claras los esfuerzos que ha de hacer para hablar, y solo la importancia del fin que se propone puede permitirle vencer la dificultad que experimenta.
—Por eso, Volumnia, declaro delante de ti y también en presencia de la señora Rouncewell, mi antigua servidora y amiga, cuya lealtad nadie podrÃa poner en duda, y de su hijo George, que se presenta ante mis ojos como un recuerdo de mi juventud y del tiempo que con él pasé en la quinta de mis antepasados, ante todos declaro, solemnemente, a fin de que puedan atestiguarlo en el caso de que yo muriera o perdiese por completo la facultad de expresarme, aunque espero mejorar…
La anciana ama de llaves llora silenciosamente; Volumnia está alteradÃsima y tiene las mejillas ardiendo; el militar mantiene los brazos cruzados y la cabeza algo ladeada, y escucha respetuosamente con atención.