La Casa lugubre
La Casa lugubre —Duro de pelar, como ustedes lo llamaban, o más propiamente Jo, estaba metido en el asunto, lo mismo que Nemo, el copista. En cuanto a su esposo, únicamente se vio mezclado en semejante embrollo a causa de el señor Tulkinghorn, su mejor parroquiano. También estaban metidos en la tema toda esa gente cuya bilis les rezuma por los poros, esa gente a quien usted ya conoce y que no son nada recomendables. Y usted misma, con toda su inteligencia y sus excelentes cualidades, se ha hecho un lío con todo eso. Es una verdadera lástima, señora Snagsby, que haya descendido usted a tales extremos. Es una lástima y una vergüenza.
Mientras hablaba el señor Bucket, mi única preocupación era pensar si el señor Woodcourt había logrado encontrar la anhelada carta.
La señora Snagsby movió la cabeza, y se llevó el pañuelo a sus ojos.