La Casa lugubre
La Casa lugubre —Asà es —dijo el señor Jobling apartándose un poco del codo de la madre del señor Guppy.
—Puesto que la señorita Summerson le ha informado a usted del caso, no rengo necesidad de decirle —dijo el señor Guppy— (madre, haga el favor de estarse quieta) que hubo un tiempo en que la imagen de la señorita Summerson estuvo grabada en mi corazón, y que le hice proposiciones de matrimonio.
—Asà lo habÃa oÃdo —contestó mi tutor.
—Ciertas circunstancias, independientes del todo de mi voluntad —añadió el señor Guppy—, debilitaron en cierta época la impresión de aquella imagen, época, asà debo declararlo, en que la conducta de la señorita Summerson fue de las más nobles y magnánimas.
Mi tutor, a quien al parecer le divertÃa mucho la escena, me tocó en la espalda sonriendo.