La Casa lugubre
La Casa lugubre —¡Son graves mis culpas respecto a ti, mujercita mÃa! —le dijo—. He sido yo quien ha ensombrecido tu vida, antes tan alegre y bella. Casándome contigo te he dado la inquietud y la pobreza. Tomé todo cuanto poseÃas y lo arrojé al viento… ¿Me perdonas, Ada, me perdonas lo pasado, antes de que comience una nueva existencia?
Ada se inclinó y lo besó. El rostro de Richard quedó iluminado por una inefable sonrisa, y ocultándolo en el pecho de su mujer y abrazando a esta, por última vez, exhaló el infeliz el último suspiro y comenzó la nueva existencia en la que quedan reparados cuantos males y errores se han padecido en el mundo.
A una hora muy avanzada de aquella noche, la pobre loca señorita Flite vino a llorar conmigo, y me dijo que habÃa devuelto la libertad a sus pájaros.