La Casa lugubre

La Casa lugubre

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En la época en que Peffer tenía todavía la tienda, y mientras Snagsby seguía el aprendizaje, que duró siete años, vivía con aquel una de sus sobrinas, muchacha astuta, pequeña, demasiado estrecha de cintura, de nariz afilada, como las frías noches de otoño, con costumbre de quedarse helada en la punta. Las malas lenguas decían en el barrio que la madre de dicha sobrina, con el deseo natural de aumentar las gracias de la muchacha, al ceñirle el corsé tiraba del cordón apoyando el pie en la pared para adelgazarle la cintura, y además, dicen que le daba a beber mucho vinagre y zumo de limón, cuyos agrios y ácidos habían acabado por subírsele a las narices, a los carrillos y a influir, desgraciadamente, en su carácter. Este rumor, fundado o falso, no llegó a oídos del joven Snagsby, o al menos no hizo mella en sus sentimientos, porque, habiendo cortejado a la sobrina y obtenido su mano, se encargó de la tienda con dos socios en vez de uno. Así pues, en Cook’s Court, Cursitor Street, Snagsby y la sobrina de Peffer forman un solo ser, y ella sigue cuidando de su fina cintura por ser la única gracia que ha tenido en su vida.






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