La Casa lugubre

La Casa lugubre

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Guster tiene veintitrés o veinticuatro años, pero parece que tenga diez más, y a causa de esa horrible enfermedad no puede aspirar a un mejor salario. Le asusta tanto ser despedida y verse obligada a volver al hospicio, que a excepción del momento en que cae de cabeza en el cubo, la cacerola, la sartén o cualquier otro utensilio (cuando le da el ataque), trabaja sin cesar y no descansa ni un momento. Es muy querida por los padres y tutores de los aprendices, pues no experimentan temor alguno de verla inspirar sentimientos amorosos en los jóvenes. Es muy querida por la señora Snagsby, quien siempre encuentra algo que reprocharle. Es muy querida por el señor Snagsby, quien piensa que la mantiene por caridad. A ojos de Guster, el establecimiento del proveedor del Tribunal es el verdadero templo del esplendor y la abundancia. El salón del primer piso se le antoja el aposento más elegante de toda la cristiandad. Los paredones negros y los oscuros patios que se ven desde la ventana que mira a Cook’s Court constituyen para ella una perspectiva de belleza sin igual, y los dos retratos al óleo del señor Snagsby y su esposa, colgados a ambos lados de la puerta, le parecen obras maestras de un mérito igual a las de Rafael o Tiziano. La posición de Guster tiene, por consiguiente, sus compensaciones.




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