La Casa lugubre
La Casa lugubre El señor Snagsby deja a discreción de su mujer todo lo relativo a los detalles prácticos de su misterioso comercio, y ella es la que dispone de la caja, de los pagos y cobros, de discutir con los proveedores y de alternar estos menesteres con el gobierno de la casa, sin reconocerle a nadie el derecho de discutir sus actos. Esto contribuye a que la señora Snagsby sirva de punto de comparación a todas las comadres de Chancery Lane y hasta de Holborn, las cuales, en sus contiendas domésticas, llaman la atención de sus maridos sobre la diferencia que existe entre la posición de la señora Snagsby y la suya, y entre la conducta del excelente papelero y la de sus respectivos esposos. Se dice en voz baja, en Cook’s Court, donde revolotean los chismes y las hablillas en la sombra, y, semejantes a los murciélagos, van a chocar contra las ventanas de todos los que allí habitan, se dice que la señora Snagsby es entrometida y celosa, que atormenta a su marido hasta el punto de echarle con frecuencia de la casa, lo cual no soportaría ningún hombre que no fuera un infeliz. Se ha podido observar que las mujeres que la citan ante sus maridos egoístas como modelo de todas las virtudes conyugales lo desprecian en el fondo, y que ninguna lo mira con mayor desdén que cierta esposa cuyo señor y dueño, según las malas lenguas, se sirve del paraguas como instrumento de corrección. Pero es posible que no tengan estos bajos rumores otro origen que el carácter meditabundo y poético del señor Snagsby, a quien le gusta pasearse en el verano por Staple Inn y observar lo rústicos que son los gorriones y los árboles, también vagar por Rolls Yard el domingo por la tarde y constatar (si está de buen humor) que hubo épocas antiguas una vez y que se podría encontrar un ataúd de piedra o dos bajo esa capilla, cabe pensar si uno cavase para ello. Consuela su imaginación pensando también en los muchos Cancilleres y Vices y jueces del tribunal de apelación que han muerto. Y se impregna tanto del campo que le cuenta a los dos aprendices que ha oído decir que una vez corrió un riachuelo «claro como el cristal» a través de Holborn abajo, cuando Turnstile era eso, un torno, que llevaba a los prados… se impregna tanto del campo que nunca quiere ir allí.