La Casa lugubre
La Casa lugubre Con el rostro congestionado, hace esfuerzos para dominar el dolor, y está noblemente acostado en medio del gran salón y enfrente del retrato de milady, que mira con respeto. El sol brilla en torno suyo. Anchas franjas luminosas, que alternan con sombras, penetran por la larga hilera de ventanas. En el exterior, los majestuosos robles, arraigados hace muchos siglos en un suelo que no ha abierto nunca el arado, dan testimonio de su grandeza. Pero, en el interior, los retratos de sus antepasados parecen decirle: «Cada uno de nosotros fue en estos lugares una realidad pasajera, después dejó tras de sí esta imagen, y ahora no somos más que un recuerdo vago, como el graznido lejano de los cuervos…». Los retratos de sus antepasados atestiguan su poder, que jamás fue tan grande como ahora. ¡Ay de Boythorn! ¡Ay del liberal que trate de disputarle una pulgada de la tierra que posee!