La Casa lugubre
La Casa lugubre —¡Bueno! ¡MagnÃfico! —exclamó el señor Boythorn—. Me encanta esa determinación. Aquà tengo la reputación de ser un segundo Ajax que desafÃa al rayo. ¡Ja, ja, ja! Cuando voy los domingos a la iglesia, la mayor parte de los fieles de la congregación, que no es muy considerable, cree que voy a caer aniquilado y reducido a cenizas sobre las baldosas, bajo los rayos de la cólera de Dedlock. ¡Ja, ja, ja! Y no dudo de que él lo cree también asÃ, porque por Dios que es el asno más pagado de sà mismo y pretencioso y la cabeza más huera que haya existido en el mundo.