La Casa lugubre
La Casa lugubre —Ha sido usted muy inoportuno. Si después de esto lo que tiene que decirme no me concierne, y le aseguro que no alcanzo a ver en qué puede tener relación conmigo ni creo que vaya a ser asÃ, comprenderá que le interrumpa sin demasiada ceremonia. Ahora le ruego que diga lo que ha venido a decir.
Milady hace un gesto de indiferencia con la pantalla y volviendo de nuevo hacia el fuego, se sienta casi de espaldas al joven llamado Guppy.
—Con su permiso, milady, voy a entrar en materia —responde el joven—. Soy pasante en los tribunales, conforme ya le dije a milady en mi primera carta. He adquirido en esta profesión el hábito de no expresar por escrito nada comprometedor y por esta razón me he abstenido de indicarle el nombre del bufete con quien trabajo, en una posición relativamente buena, y si me lo permite, puedo añadir que con unos honorarios bastante generosos. Confidencialmente, ahora ya puedo confiarle a milady que el nombre del bufete es Kenge y Carboy, de Lincoln’s Inn, nombre que tal vez no encuentre del todo desconocido en relación con el pleito de Jarndyce contra Jarndyce.
La postura de Milady muestra cierta atención. Ha cesado de jugar con la pantalla, sosteniéndola en actitud de estar escuchando.