La Casa lugubre
La Casa lugubre —Lo primero que hay que hacer es preparar un paquete de cartas parecido al que recibirás, de manera que si quisiera verlas mientras las tenga yo en mi poder, puedas enseñarle el paquete falso.
—¿Y si descubre el cambio, lo cual es muy probable con la buena vista que tiene? —pregunta el señor Weevle.
—En tal caso, le dirás francamente la verdad. Esas cartas no le pertenecen ni le han pertenecido nunca. Le dices que has entregado esos papeles a un abogado amigo tuyo… para…, para mayor seguridad. Si se empeña en verlas, se le mostrarán, y en paz. ¿Está esto claro?
—SÃ… —responde el señor Weevle con visible repugnancia.
—¡Lo dices de un modo tan extraño! —observa su amigo—. ¿Dudas? ¿Sospechas de mÃ, Tony?
—Sé lo que sé, William, y no sospecho nada —responde gravemente Tony.
—Y ¿qué es lo que sabes? —pregunta el señor Guppy con impaciencia elevando un poco la voz.
Pero cuando Tony reitera la recomendación de «bajar la voz», repite la pregunta sin hacer más que mover los labios: «¿Qué es lo que sabes?».
—Sé tres cosas: primera, que hablamos en secreto como dos conspiradores.