La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos Presintiendo que si la nave continuaba mucho tiempo en esa forma llegaría el instante en que careceríamos de alimentos, no tenía otra preocupación mayor en mi mente. A pesar de que años atrás creía con firmeza que los casos de canibalismo en circunstancias semejantes eran sumamente escasos y que jamás ocurrían entre personas acostumbradas a la moderación y al propio dominio, y por difíciles que fueran las circunstancias, vuelvo a insistir que, a pesar de estar muy convencido de ello, tenía mis dudas acerca de si no existía peligro al apartar del pensamiento tales eventualidades pretendiendo negar su existencia. Tenía mis dudas acerca de si algunas inteligencias debilitadas por el ayuno y la intemperie, con esa idea en la imaginación, no la magnificarían hasta sentir gran atracción por ella. Ese no era un pensamiento nuevo en mí, pues había surgido a causa de mis lecturas. En cualquier forma acudía hacia mí en ese cuarto día de permanencia en el bote con mayor fuerza que antes, pues no faltaban razones para que eso sucediera, de modo que decidí aclarar ese miedo en embrión que debía de existir con mayor o menor intensidad en todas las mentes.