La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos Diecisiete noches y dieciséis días, veinte noches y diecinueve días, veinticuatro noches y veintitrés días. El tiempo seguía transcurriendo. Desanimado como estaba acerca de nuestro progreso, o mejor aún, de nuestra falta de progreso, nunca les engañé sobre mis cálculos acerca de este. En primer lugar, sentía que todos estábamos demasiado cerca de la eternidad para engañarles; en segundo lugar, sabía que si yo fracasaba o moría, el hombre que me sucediera debía tener una cabal noción del estado de cosas para poder iniciarse en el mando. Cuando al mediodía comentaba mis cálculos acerca de lo que habíamos ganado o perdido, generalmente eran recibidos con tranquilidad, resignación y mucha gratitud. No era raro que en cualquier momento del día alguien rompiera a llorar sin ninguna razón aparente, y cuando el llanto concluía, volviera a quedar en calma, más consolado que antes. Pude contemplar esa misma escena con anterioridad en todas las casas donde se lamentaba la pérdida de algún miembro de la familia.