La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos Veintisiete noches y veintiséis días. No nos faltaba agua de lluvia, pero no disponíamos de otra cosa. Hasta entonces, jamás dirigía mi vista hacia un rostro recién despierto sin que este tratara de sonreírme. ¡Oh! ¡Qué gran cosa es la sonrisa en tiempos de peligro y en presencia de la muerte, entre dos rostros que se contemplan!
Había oído comentar que los grandes barcos modernos recibirían órdenes por medio del telégrafo. Admiro la mecánica tanto como cualquier hombre, y le estoy muy agradecido por los adelantos que aporta. Pero nunca habrá un sustituto para un rostro humano, con un alma en su interior, animando a otro a ser valiente y leal. Nunca intentéis obtenerlo. Se rompería como una brizna de paja.