La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos —¡Silencio, por amor de Dios! —le ordenó, tapándole la boca con la mano—. La tripulación no debe oÃrle. Se volverán locos si les engañamos acerca de esta señal. Espere hasta que vuelva a observarla de nuevo.
Me apoyé en él, pues estaba temblando ante la idea de un barco a la vista; y miré con fijeza al otro bote. Volvió a izarse sobre la cresta de una ola y volvà a ver la señal claramente por segunda vez; noté que estaba colocada a la mitad del mástil.
—Rames —dije entonces—, es una señal de angustia. Debemos ponernos en contacto con ellos tan pronto como sea posible.
Volvà a dejarme caer en mi puesto al lado del timón sin agregar palabra, pues se me ocurrió de repente la idea de que el capitán Ravender habÃa sufrido algún percance. Me considerarÃa indigno de escribir otro renglón de este relato si no estuviera decidido a decir la verdad, y por eso debo confesar llanamente que ahora, por primera vez, mi corazón sucumbÃa. Mi debilidad era producida, en cierto grado, según creo, por el efecto agotador de la ansiedad y el sufrimiento.