La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos Vencí el sollozo que me ahogaba con ayuda de un trago de agua y afirmé de nuevo mis ideas, tratando de imaginar lo peor, cuando oí el saludo —Dios les ayude—, pero cuán débil sonaba entonces.
Levanté la vista y allí estaban nuestros compañeros de infortunio, moviéndose frente a nosotros, no tan cerca como para poder distinguir los rasgos de cada uno, pero sí lo suficiente para hacerme oír, aunque con algún esfuerzo, debido a sus condiciones, en los intervalos en que el viento se apaciguaba.
Contesté a la llamada y aguardé un instante sin oír nada; luego grité el nombre del capitán. La voz que contestó no era la suya; alcanzamos a distinguir estas tres palabras:
—¡Necesitamos al primer piloto a bordo!
Cada hombre de mi tripulación sabía tan bien como yo lo que eso significaba. Siendo segundo oficial solo podía existir una razón para ser reclamado a bordo. Un gemido nos sacudió a todos, y nos miramos unos a otros con aire sombrío, murmurando casi sin aliento:
—¡El capitán ha muerto!