La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos Les ordené guardar silencio y negué que existiera certeza en lo referente a malas noticias, ante el cariz que las cosas tomaban. Luego indiqué a la tripulación de la otra nave que estaba preparado para subir a bordo en cuanto el tiempo lo permitiera; me detuve un instante para recobrar aliento, y después grité tan alto como me fue posible la pregunta terrible:
—¿Ha muerto el capitán?
Las negras figuras de tres o cuatro hombres se agacharon al unÃsono en la popa al oÃr mi voz. Se perdieron de vista durante cerca de un minuto; luego volvieron a aparecer, y uno de ellos, levantado por los demás, gritó las palabras benditas, mientras una leve esperanza recorrÃa a nuestros hombres desesperados:
—¡TodavÃa no!