La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos Bajé la vista al oír sus palabras. Tres figuras estaban acurrucadas a mis pies, iluminadas a intervalos por la luna. El primer rostro que distinguí fue el de la señorita Coleshaw; sus ojos estaban muy abiertos y fijos en mí. Parecía conservar aún el sentido, y por el abrir y cerrar de sus labios comprendí que trataba de hablar, aun cuando no pudo articular palabra. Sobre su hombro descansaba la cabeza de la señora Atherfield. La madre de nuestra pequeña y rubia Lucy debía de soñar, según creo, con la niña que perdió, pues una sonrisa desmayada surcaba su rostro pálido y mudo, con los ojos cerrados y dirigidos al cielo. A su lado, con la cabeza sobre su regazo y una de sus manos tiernamente posada sobre su mejilla, yacía el capitán, ante cuya guía y sostén hasta ese momento terrible no habíamos apelado en vano; allí, consumido hasta el último grado a causa nuestra, y por nuestra salvación, yacía el hombre mejor y más valiente de la tripulación.