La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos Ella era hermana del capitán de nuestra corbeta, enfermo desde hacÃa tiempo, hasta el extremo que debió ser conducido a tierra firme. Era hija de un oficial del ejército y habÃa llegado a la región con su hermana, casada con uno de los dueños de la mina y madre de tres criaturas. Era fácil darse cuenta de que encarnaba el espÃritu y la luz de la isla. Tras observarla atentamente gruñà otra vez para mis adentros, con más cólera que antes: «¡Maldito sea si no lo odio ya, fuese él quien fuese!».
Mi superior, teniente Linderwood, estaba también enfermo, y fue conducido a tierra al mismo tiempo que el capitán. Ambos eran jóvenes de mi edad, a quienes no sentaba el clima de las Antillas. Tampoco eso me hizo mucha gracia. Pensé que yo era más apto que ellos, y si todos desertaban yo podrÃa con facilidad reemplazar a los dos primeros. (Puede suponerse la forma en que habrÃa de desenvolverme sin saber leer ni escribir una orden. Y en cuanto a mis conocimientos en el mando de la nave, ¡Dios! ¡NaufragarÃa en un cuarto de hora!).
Asà pensaba entonces; cuando bajamos a tierra con licencia recorrà la región en compañÃa de Charker, continuando con mis observaciones en un estado de ánimo similar.