La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos —El rÃo suena como si estuviera crecido esta noche.
—Es creencia general, señorita, que nos estamos aproximando al mar.
—¿Creéis entonces que podremos escapar?
—Ahora lo creo realmente. Siempre aseguré que lo creÃa, pero en mi interior no estaba convencido por completo.
—¡Qué contento estaréis, mi buen Davis, al volver de nuevo a Inglaterra!
Tengo que hacer otra confesión, que os parecerá muy singular. Cuando pronunció estas palabras sentà que un nudo me apretaba la garganta, y las estrellas que yo miraba desde lejos parecÃan deshacerse en destellos que caÃan sobre mi rostro y lo quemaban.
—Inglaterra no significa mucho para mÃ, señorita.
—¡Oh, un inglés tan leal no debiera decir eso! ¿Se siente mal esta noche, Davis? —preguntó cariñosamente, cambiando el tono de su voz.
—Me siento perfectamente, señorita.
—¿Está seguro? Su voz suena alterada en mis oÃdos.
—No, señorita; soy el mismo hombre fuerte de siempre. Pero Inglaterra no significa nada para mÃ.