La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos Los viajeros estaban reunidos, el mantel tendido, y Ben había puesto ya leña en la chimenea, de modo que un toque o dos con el atizador, después de la cena, producirían una gran llamarada. Tras depositar a mi beldad en un rojo rincón del hogar, donde pronto comenzó a cantar como un grillo etéreo, difundiendo al mismo tiempo aromas de maduros viñedos, bosques de especias y naranjales; luego, vuelvo a repetirlo, de haber apostado a mi bella en lugar seguro, me presenté ante mis invitados y estreché las manos de todos ellos brindándoles cordial bienvenida.