La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos He mencionado a todos ellos en el orden en que aparecían sentados alrededor de la mesa. Yo presidía, y la encargada de la casa ocupaba la otra cabecera. No tardamos mucho en colocarnos, pues la cena había llegado conmigo, formando la siguiente procesión:
Yo, con el cántaro.
Ben, con la cerveza.
El criado distraído, llevando los platos calientes.
El pavo.
Una criada, trayendo salsa que debía ser calentada al instante.
La carne.
El mozo, con una bandeja sobre su cabeza conteniendo legumbres y varios.
Un criado voluntario del hotel, sonriendo sarcásticamente, sin tratar de ser útil en ninguna forma.
Mientras atravesábamos la calle principal, dejamos, a semejanza de un cometa, una cola fragante, haciendo que el público se detuviera olfateando con extrañeza. En un rincón del patio, un joven de ojos azules, muy acostumbrado a escuchar el silbato que Ben guardaba en su bolsillo, debía precipitarse a la cocina tan pronto como oyera el silbido, recoger el budín inglés caliente y los pasteles y traerlos al asilo en la forma más rápida posible, donde serían recibidos por la mujer, ya provista de coñac ardiendo…