La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos Todas estas disposiciones fueron cumplidas en la forma más exacta y puntual. Nunca vi un pavo mejor, carne más deliciosa ni mayor prodigalidad de salsa y jugo; y mis viajeros rindieron admirable justicia a todo lo que se les puso frente a la vista. Mi corazón se alegraba observando cómo sus rostros endurecidos por el viento y el frío se suavizaban entre el ruido de platos y cubiertos y se ablandaban al calor del hogar, mientras sus sombreros, gorros y abrigos colgaban de las perchas y se alzaban bultos pequeños en un rincón sobre el suelo, y en otro rincón tres o cuatro viejos bastones, gastados en sus extremos, enlazaban con cadena dorada al exterior helado y desierto mientras en el interior se estaba abrigado.
Cuando la cena concluyó y mi «morena beldad» fue colocada sobre la mesa, hubo una solicitud general para que yo ocupara el rincón junto al fuego. Como rehusé el honor, Ben, cuya mano es perfecta para todo lo relacionado con el convite, arrimó la mesa a un rincón, y disponiendo a mis invitados a mi derecha e izquierda, cerró el círculo a mi alrededor, conservando el orden que teníamos en la mesa. También en forma muy suave empujó fuera de la habitación a sus ayudantes y desapareció cerrando la puerta en silencio.