La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos Era ya tiempo de atizar el fuego. Lo toqué tres veces, como si el atizador fuera un talismán encantado, y de él brotó una brillante multitud de chispas que se precipitaron hacia arriba en ardiente danza campesina. Mientras tanto, ante esa luz resplandeciente, que dejó a nuestra lámpara en la sombra, llené los vasos de mis viajeros.
—¡Navidad! ¡Nochebuena!, amigos mÃos; cuando los pastores, pobres viajeros también, a su manera, oyeron cantar a los ángeles: «Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad».
Bebimos a la memoria del buen Richard Watts, y que su sombra no tenga nunca bajo este techo trato peor que el que nosotros le proporcionamos.
Llegó el momento encantador de las narraciones.
—Toda nuestra vida, viajeros —dije—, es una historia más o menos comprensible, por lo general menos que más; pero podemos descifrarla bajo una luz más clara cuando ya se ha concluido: Yo, al menos, en esta noche me encuentro en tal forma entre la realidad y la ficción que escasamente sé cuál es cuál. Trataré de pasar el tiempo narrándoles una historia mientras estamos sentados aquà junto al fuego.