La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos Un dÃa, en Badajoz, no en la parte más recia de la batalla, sino al repeler una impetuosa incursión de los sitiados sobre nuestros hombres atrincherados que cedÃan ya, ambos oficiales se encontraron de pronto cara a cara con un grupo de infanterÃa francesa que hacÃa un alto en el camino. TenÃa a un oficial a la cabeza para acrecentar su coraje, un bravo y generoso oficial de treinta y cinco años, a quien Doubledick miró deprisa, apenas un segundo siquiera, pero que quedó bien fijo en su memoria. Notó especialmente que aquel oficial agitaba su sable y reanimaba a sus hombres con una exclamación vehemente y ansiosa, cuando ellos, obedeciendo la orden, tiraron, derribando al capitán Taunton. Diez minutos más tarde todo habÃa concluido, y Doubledick volvió al lugar donde sobre un saco, tendido en la tierra húmeda, yacÃa el mejor amigo que hombre alguno tuviera jamás. TenÃa el uniforme abierto sobre el pecho, y en su camisa se destacaban tres manchas de sangre.
—Querido Doubledick —dijo—, me siento morir.
—¡No, por el amor del cielo! —exclamó este, arrodillándose y apoyando la cabeza del caÃdo sobre un hombro—. ¡Taunton! ¡Mi ángel guardián, mi guÃa! ¡El ser que más quiero en el mundo! ¡Taunton, por amor de Dios!