La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos Era una construcción enorme, del tipo exacto del castillo visitado por duendes; con torres redondeadas, apagadores, un techo elevado y plomizo y más ventanas que el palacio de Aladino. Las celosÃas estaban abiertas por completo, debido al calor reinante ese dÃa, y por ellas se vislumbraban paredes y corredores interiores. Más lejos se divisaban inmensas construcciones, parcialmente derruidas; filas de árboles oscuros, terrazas con jardines, balaustradas; tanques de agua poco resistentes para jugar con ellos y demasiado sucios para poder ser utilizados; estatuas, hierbas y rejas que parecÃan haber crecido a la par de los arbustos y haberse extendido adoptando variadas formas salvajes. La puerta principal estaba abierta, como suelen estarlo en esta región, cuando se extingue el calor del dÃa.
El capitán, no viendo aldaba ni campanilla, entró sin llamar.
Penetró en un vestÃbulo de techo elevado, agradablemente fresco y umbrÃo tras el resplandor de un dÃa de viaje por el sur de Francia. A lo largo de las cuatro paredes se extendÃan galerÃas que conducÃan a distintas habitaciones; las luces pendÃan del techo y tampoco se divisaba allà ningún llamador.
—A fe mÃa —se dijo el capitán deteniéndose avergonzado por el crujir de sus botas—, ¡creo estar en una casa de fantasmas!