La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos Permanecimos a distancia hasta que el carruaje se alejó; luego saludamos a John. Mientras le abordamos, le repetà muy seriamente las palabras que con anterioridad dije a mi amigo. Sintió un golpe «en medio del navÃo», esa fue su expresión.
—¡Quedo muy emocionado, capitán Ravender! —Fueron sus palabras—. Una opinión semejante de sus labios es una verdadera alabanza, y pienso navegar alrededor del mundo en su compañÃa durante veinte años sin apartarme jamás ante la menor insinuación de su parte.
Sentà entonces que, verdaderamente, todo estaba hecho, y el Golden Mary podrÃa zarpar desde ese instante.
Nunca crece el moho bajo los pies de Smithick & Watersby. En el espacio de dos semanas se equipó el barco con su correspondiente velamen, y comenzamos a introducir el cargamento. John estaba constantemente a bordo observando la estiba con sus propios ojos; y siempre que yo subÃa al barco, tarde o temprano, le encontraba, ya sobre la cubierta en la escotilla, ya abajo en la bodega, o bien arreglando su cabina, colgando cuadros sobre las paredes y cantando como un jilguero.