La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos Subimos a un coche de alquiler en menos de un minuto y viajamos tres horas en él, con intención de buscar a Steadiman, quien había llegado de las Indias holandesas hacía escasamente un mes; sabía que residía en Liverpool entonces. Preguntamos por él en varios lugares, en las dos casas de pensión que solía preferir, y descubrimos que pasó una semana en cada una de ellas, pero que continuó viajando de un lado a otro y partió luego para realizar una excursión a la región de Gales —eso había dejado dicho, al menos, a los huéspedes de la casa—. Tal vez estuviera todavía allí, sin que nadie pudiera asegurar la fecha de su regreso. Pero era, en verdad, sorprendente observar cómo todos los rostros se iluminaban a la sola mención de su nombre.
Volvíamos, sin esperanza de encontrarle ya, cuando al recorrer una calle mis ojos se posaron sobre la figura del mismo John, que salía de una juguetería. Llevaba en sus brazos a un niño de corta edad, mientras acompañaba hasta su carruaje a dos damas de belleza nada común. Me dijo luego que no conocía a ninguno de esos tres personajes, pero había sido atraído por ellos mientras miraba el interior de la juguetería, donde las damas adquirían en ese instante una destartalada arca de Noé; pidió entonces permiso para obsequiar al pequeño con un navío más o menos aceptable, exhibido en el escaparate, pues un niño así no debía crecer con tan errónea idea acerca de la arquitectura naval.