La historia de nadie y otros cuentos
La historia de nadie y otros cuentos Durante toda la cena, y después también, abordamos otra vez el mismo tema. Le hice notar mis puntos de vista sobre el plan, que fueron aprobados por completo. Le expresé que estaba decidido, pero del todo…
—Bien, bien —me dijo—; venga mañana conmigo a Liverpool y verá el Golden Mary.
Me gustó el nombre —también ella se llamaba MarÃa y era rubia[1]—, de modo que comencé a sentir que estaba ya decidido cuando dije que irÃa a Liverpool. A la mañana siguiente estábamos a bordo de la nave. Debiera haber supuesto cómo serÃa ante su insistencia para que yo la viera. Declaro que era la belleza más completa y exquisita que jamás se presentó ante mis ojos.
Inspeccionamos todo el maderaje y, volviendo a la baranda antes de desembarcar en el muelle, puse mi mano sobre la suya:
—¡Estréchela, y estréchela con fuerza! Acepto el comando de la nave y pertenezco a ella desde este momento si puedo conseguir a John Steadiman como mi primer piloto.
Este habÃa realizado ya cuatro viajes bajo mis órdenes. En el primero, rumbo a la China, se embarcó como tercer piloto y volvió como segundo. En los restantes fue mi primer oficial. En el momento de fletar el Golden Mari; contaba treinta y dos años de edad. Era de estatura más bien mediana, un rostro que agradaba a todo el mundo y a la vez un perfecto marino.