La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades Cuando llegó la mañana, y pudieron hablar con más calma sobre el motivo de su dolor, oyeron el relato de las últimas horas que pasó Nell con vida.
Llevaba dos días muerta. Los más próximos habían estado alrededor de la cama, conscientes de que se acercaba el fin. Murió poco después del alba. Le habían estado leyendo y hablando desde el atardecer, pero con el paso de las horas cayó dormida. La oyeron hablar en sueños de sus viajes con el anciano, y no de escenas dolorosas ni de personas desagradables, sino de personas que los habían ayudado y tratado amablemente, pues repetía con frecuencia «que Dios le bendiga». Al despertarse, sólo había delirado una vez, diciendo que oía una música muy bonita. Quién sabe. Puede que fuera verdad.
Abrió los ojos al fin, después de un sueño muy tranquilo, y pidió que la besaran una vez más. A continuación, se volvió hacia el anciano con una dulce sonrisa (que, según dijeron, no habían visto nunca ni podrían olvidar) y se agarró fuerte a su cuello con ambas manos. Al principio, no se dieron cuenta de que había muerto.
