La tienda de antiguedades

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El señor Richard Swiveller tenía su morada en el céntrico barrio de Drury Lane, con la ventaja añadida de que debajo había un estanco, lo que le permitía aspirar rapé reparadoramente en cualquier momento sólo asomándose a la escalera y ahorrarse así la preocupación de procurarse una tabaquera, con el gasto consiguiente. En este alojamiento el señor Swiveller empleó las expresiones arriba referidas para consuelo y exultación de su abatido amigo. Y no carece de interés ni de utilidad anotar que estas breves observaciones participaban doblemente del lenguaje figurado y del carácter poético de la mente del señor Swiveller; así, el vino rosado no era en realidad más que un vaso de agua fría con ginebra, que se rellenaba según requería la ocasión con una botella y una jarra que había encima de la mesa y que el uno pasaba al otro dada la escasez de vasos, hecho que, como quiera que el señor Swiveller estaba alojado en calidad de soltero, puede exponerse sin rubor. Con otra semejante y grata ficción, su única habitación se mencionaba siempre en plural. Cuando esta estuvo disponible, el estanquero la había anunciado en la ventana como «apartamentos» para caballero soltero, y el señor Swiveller, abonando esta plural idea, se refería a ella como sus habitaciones, sus cuartos o sus aposentos, transmitiendo al oyente la sensación de espaciosidad y dejando vagar a placer su imaginación a través de una serie de elegantes estancias.


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