La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades «Es todo tan repentino —se dijo Dick sacudiendo la cabeza con una mirada de sabidurÃa infinita y lanzándose (como estaba acostumbrado) a recitar poesÃa a modo de prosa apresurada—. Cuando el corazón de un hombre está deprimido y bañado en lágrimas, la neblina se despeja ante la presencia de la señorita Wackles, una joven tan agradable… Es como un rosa roja recién florecida en junio (quién podrÃa negarlo); se asemeja también a una melodÃa dulcemente interpretada. ¡Ay, es todo tan repentino! El asunto de la hermanita de Fred no me obliga a volverme repentinamente frÃo; no es necesario ir demasiado lejos. Pero, si debo enfriarme, mejor empezar enseguida, de eso no cabe duda. Existe la posibilidad de una acción legal por ruptura, eso es algo a tener en cuenta. Existe la posibilidad de que Sophy se busque otro marido; eso es otra cosa. Existe también la posibilidad de… no, de eso no hay posibilidad alguna; es mejor no exponerse».