La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades Sin embargo, el señor Swiveller obtuvo la mano de la señorita Sophy para la primera cuadrilla (las contradanzas estaban proscritas a causa de su vulgaridad) y así ganó ventaja sobre su rival, quien permaneció sentado en un rincón asaz cariacontecido observando cómo la gloriosa figura de la joven dama se movía a través de aquellas figuras laberínticas. No fue esta la única ventaja que tuvo el señor Swiveller sobre el jardinero; determinado a mostrar a la familia a qué hombre tan valioso estaba menospreciando, e influido tal vez por sus recientes libaciones, realizó tales proezas de agilidad y tales vueltas y piruetas que todos los asistentes se llenaron de asombro, en especial un caballero muy espigado que bailaba con una alumna muy bajita, el cual quedó petrificado de asombro y admiración. Incluso la señora Wackles se olvidó por el momento de regañar a tres jovencitas que porfiaban en mostrar su júbilo y no pudo reprimir el pensamiento de que tener a semejante bailarín en el seno de la familia sería un motivo de verdadero orgullo.
