La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades —Lamenta, señora… —repitió Dick—, ¡lo lamenta en los brazos de un tal Cheggs! Le deseo muy buenas noches, pero no sin antes regalarle esta pequeña observación: actualmente está creciendo una joven que no sólo posee grandes atractivos personales, sino también una gran fortuna, y que ha rogado a su pariente más próximo que pida mi mano, a lo que, por atención a algunos miembros de su familia, he consentido gustosamente. Es una circunstancia gratificante, que usted probablemente se alegre de conocer, el que una muchacha joven y adorable esté haciéndose mujer expresamente para mà y acumulando igualmente dinero para mÃ. He creÃdo oportuno hacérselo saber. Ahora sólo tengo que disculparme por haber acaparado durante tanto tiempo su atención. Buenas noches.
«Hay algo bueno en todo esto —se dijo Richard Swiveller cuando, ya de vuelta en casa, se disponÃa a acostarse con el apagavelas en la mano—, y es que ahora colaboro con Fred con toda mi alma, con todas mis fuerzas, en sus planes sobre la pequeña Nelly. Qué contento estará cuando sepa que actúo con tanta resolución. Se enterará de todo mañana; entretanto, como ya es bastante tarde, voy a abandonarme en brazos del dios Hipnos».