La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades Y, utilizando de nuevo el andamio, Kit se sirvió del atizador para clavar el clavo y colgó de él la jaula, para inconmensurable alborozo de toda la familia. Cuando, tras varios intentos, la equilibró debidamente, se retiró hasta la chimenea para ver cómo quedaba y, con la anuencia general, decidió que había quedado estupendamente.
—Y ahora, madre —articuló el chico—, antes de descansar voy a ver si encuentro algún caballo del que cuidar y después compro un poco de alpiste para el pájaro y algo bonito para ti.